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sábado, 6 de junio de 2009

Pupitas

¿Pensabas que tus zapatos eran incómodos?, ahora bendecirás a esas bailarinas que te dejan unas cuantas ampollas de recuerdo cada vez que el termómetro marca más de 20º, a esas chánclas que te cortan entre los dedos, a esos tacones que te machacan y te agrietan los pies.
Aún así me sorprende ver que aún hay gente en el mundo anclada en el pasado. Todo eso de preservar la cultura, la herencia de otras generaciones y demás no está mal, pero no todas las tradiciones son buenas.

Dicen que para estar mona hay q sufrir, ¡ja,que sufra su padre!! a veces me pregunto si los diseñadores piénsan en los pobres mortales que tienen que sobrellevar como pueden sus ¨fantásticas¨ creaciones!, (es irónico por supuesto). ¿No es compatible el diseño con la comodidad, o al menos con el sentido común?.
Mirad la última moda en Japón. Luego dicen que no es posible retroceder en el tiempo, pues queridos alguien ha encontrado un Delorean y ha dado marcha atrás. ¿Volvemos a ser como nuestros antepasado?, ¿ de esto sirve la evolución?









sábado, 30 de mayo de 2009

El síndrome del ColaCao


Una vez pasados los 7 años a todos en algún momento de nuestra vida nos vuelve a afectar el síndrome del Colacao. No sé sabe el por qué, pero es cierto que cuando eres pequeño tienes una especie de ritual sin sentido a la hora de bebértelo.
Es una dinámica absurda pero real. A algunos les gusta tomárselo con leche caliente y ver cómo se disuelven los polvitos, a otros sin grumos. A mi personalmente me encantaba (y me encanta) con leche fría pero sin deshacer, con lo que lo único que consigo es beberme la leche sin sabor a colacao! Lo mejor llega en la mitad del vaso, donde se remueve el colacao con ganas para sacar esa especie de espumilla con grumos!!(y con la que me ganaba mil broncas de la señora Vitoria (mi pobre y sufrida abuela) por “dejar lo mejor siempre en el fondo”!!!).

Pero lo que es cierto es que todos o casi todos los mortales teníamos ese vaso o esa taza favorita en el que preparar nuestro brebaje, lo malo es que a la vez que tu vas creciendo el recipiente va empequeñeciendo!!!! Qué timo, me da igual que sea la percepción irreal que teníamos entonces de la realidad! Yo quiero mi vaso tamaño cubo de entonces!!
Luego estaban los raritos que rechazaban el colacao y se volvían pro-Nesquik. Qué poco sentido del paladar!
Para algunos la cosa se complicaba, porque había gente que se lo tenía que beber en unos determinados segundos, otros aguantando la respiración, otros con la cucharilla dentro, y algunos mojando galletas y terminado con la leche en modo papilla.

Pero no hay que olvidar los momentos “carreras”, en los que simplemente competías por el honor de ser el primero, y que solían acabar con el atragantamiento de alguien, o la leche saliendo a propulsión por la nariz de algún pobre desgraciado que no supo controlar la cantidad ideal de polvo de colacao. ¡Grandes momentos! Siempre que no te pasaran a ti, claro.

Es un vínculo muy especial que se crea entre la persona y el objeto. Qué sólo se va apagando con el paso de los años. Es lo malo de crecer, a veces olvidamos los placeres más absurdos de la vida.
La verdad es que yo mantengo mi síndrome vivo, así las mañanas se me hacen menos aburridas!