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martes, 2 de junio de 2009

La fiesta de las realidades

Ayer no sé cómo acabé en una jungla en mitad de la ciudad de San Francisco.
Era una fiesta de una agencia de publicidad con no sé qué fin.
Si soy sincera yo fui invitada porque era un pequeño bulto más con que rellenar la sala, y cómo soy débil y estudiante no me pude resistir al soborno de bebida y comida gratis. (Hay que ver qué fáciles somos algunos de convencer.)
He de decir que debido al horrible sabor de los licores fui una de las pocas personas que permaneció atenta a la función en vez de representarla. Hay que ver cómo cambia el espectáculo cuando lo ves desde el otro lado del escenario.

La fiesta en un principio no prometía mucho, pero luego casi todos acabaron prometiendo quién sabe qué a quién. No creo que ni ellos se acuerden.
Había toda clase de flora y fauna, flora porque algunas parecía que las habían sacado del jardín botánico. Y Fauna porque a medida que avanzaba la noche y se iba agotando la barra libre las personalidades ocultas del personal subían a la superficie.

Fue un completo show de mis congéneres, los cuáles se dividían en pequeños rebaños.
Estaban los asustadizos, apoyados en una oscura esquina de un rincón, desde donde se autoaislaban del mundo.
Las estrategas, todas mujeres por supuesto, apostadas en un perfecto punto de ataque desde donde divisaban y controlaban los baños y la comida.
Los Golum o avariciosos que se hicieron con el control de la barra y de los mejores aperitivos.
Las aves de rapiña, que iban mesa a mesa rebuscando las sobras en las bandejas y preguntando por cigarros al personal.

Luego estaban los palomos un grupo numeroso de machos en celo inflando su ego y acompañándolo de lo que supongo que era un baile ritual con el propósito de atraer a sus presas.
Las pavos reales les merodeaban cerca, esas hembras emplumadas, que no se sabe muy bien de qué siglo son, (pues llevaban puesto todo lo que habían encontrado en el armario de su madre, abuela, y tatarabuela). Ellas desplegaban sus encantos sobre la pista en una danza que pretendía ser sensual, y que acabó con unas cuantas de ellas besando el suelo.
Haciéndose notar entraron en la sala los papagayos. Que son aquellos que ese día decidieron hacer sombra a las luces del local, pues iban vestidos para cegar.
Su ropa era de toda clase de telas chillonas capaces de reventar las pupilas del más miope.

A medida que la música se intensificaba, los olores pasaban a ser hedores, la gente pasaba de Dr Jeckyl a Mr hyde, de gatito de angora a hiena. Dando lugar a una especie de orgía de los sinsentidos.
Personalmente disfruté, fue como ir al zoo pero sin pisar ninguna caca. Pero parece ser que a algún superior y a algún cliente no le hizo tanta gracia el show, (pues que hubieran puesto bebidas carbonatadas sin alcohol!!).
Es curioso ver cómo cambian las opiniones dependiendo del bando en el que estés!
Yo me lo pase bien, pero en la próxima abandonaré la posición Buho, y me sumarme a alguno de los rebaños para vivirla intensamente desde dentro.

sábado, 30 de mayo de 2009

El síndrome del ColaCao


Una vez pasados los 7 años a todos en algún momento de nuestra vida nos vuelve a afectar el síndrome del Colacao. No sé sabe el por qué, pero es cierto que cuando eres pequeño tienes una especie de ritual sin sentido a la hora de bebértelo.
Es una dinámica absurda pero real. A algunos les gusta tomárselo con leche caliente y ver cómo se disuelven los polvitos, a otros sin grumos. A mi personalmente me encantaba (y me encanta) con leche fría pero sin deshacer, con lo que lo único que consigo es beberme la leche sin sabor a colacao! Lo mejor llega en la mitad del vaso, donde se remueve el colacao con ganas para sacar esa especie de espumilla con grumos!!(y con la que me ganaba mil broncas de la señora Vitoria (mi pobre y sufrida abuela) por “dejar lo mejor siempre en el fondo”!!!).

Pero lo que es cierto es que todos o casi todos los mortales teníamos ese vaso o esa taza favorita en el que preparar nuestro brebaje, lo malo es que a la vez que tu vas creciendo el recipiente va empequeñeciendo!!!! Qué timo, me da igual que sea la percepción irreal que teníamos entonces de la realidad! Yo quiero mi vaso tamaño cubo de entonces!!
Luego estaban los raritos que rechazaban el colacao y se volvían pro-Nesquik. Qué poco sentido del paladar!
Para algunos la cosa se complicaba, porque había gente que se lo tenía que beber en unos determinados segundos, otros aguantando la respiración, otros con la cucharilla dentro, y algunos mojando galletas y terminado con la leche en modo papilla.

Pero no hay que olvidar los momentos “carreras”, en los que simplemente competías por el honor de ser el primero, y que solían acabar con el atragantamiento de alguien, o la leche saliendo a propulsión por la nariz de algún pobre desgraciado que no supo controlar la cantidad ideal de polvo de colacao. ¡Grandes momentos! Siempre que no te pasaran a ti, claro.

Es un vínculo muy especial que se crea entre la persona y el objeto. Qué sólo se va apagando con el paso de los años. Es lo malo de crecer, a veces olvidamos los placeres más absurdos de la vida.
La verdad es que yo mantengo mi síndrome vivo, así las mañanas se me hacen menos aburridas!

jueves, 28 de mayo de 2009

¿Y tú qué querías ser de mayor?

Que pregunta tan fácil cuando aún llevabamos zapatos ortopédicos y dejábamos kilos de colacao en el fondo del vaso verdad??
A mí desde siempre me ha fascinado el trabajo de los charcuteros, me podía pasar horas mirando como cortaban con esas máquinas enormes el jamon york, el salchichón o el chorizo pamplonica. Siempre me he preguntado que ocurriría si les deslizaba el dedo por la cuchilla, pero es una cosa que nunca ha pasado, o al menos nunca estando yo presente.
Y desde entonces he cambiado de parecer como 1500 veces, he querído ser de todo, astronauta, modelo (juas!!) juez, abogado, médico y al final me dije, ¡pues yo quiero ser pobre mamá!. Quiero ir en contra del sentido común y trabajar gratis, pero no ocho horas, no, doce o las que hagan falta!!!que total a vosotros ya os pagan!
Luego a mi madre le dió un patatus y nunca más volvió a sacar el tema. Y como yo, ¡hay mil!, creo que es la profesión más demandada del momento, y sólo son 6 años de preparación en las mejores universidades y master incluido! yuhuu!!!!!
Hoy me lo tomo a cachondeo, pero me he dado un año para dejar de depender de mis queridos progenitores, no quiero llegar a los 30 y tener que buscar entre los cojínes del sofá para ver si se le ha caído un eurillo a alguien, o acabar pidiendo un prestamo (que nunca devolveré) a mi adorable y ahorradora hermana pequeña.
Así q comienza la cuenta atrás!!